Estás en: Home Seguridad privada

Seguridad Privada - ADFS

En los últimos años, nuestro país ha pasado de ser un país de emigrantes a un país de inmigrantes. A él han llegado personas de toda condición, religión y raza en busca  de una oportunidad económica, de un asilo político que se le ha negado en otros lugares o  simplemente, delincuentes que escapan de la justicia de sus países de origen. El número de emigrantes ilegales que cruzaban nuestra frontera ha sido tan elevado, que tanto el Gobierno como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se han visto totalmente desbordados para poder controlarlos de forma adecuada.

Somos testigos atónitos de cómo bandas organizadas de los países del este, mafias (que tienen en la costa mediterránea su lugar de residencia), fundamentalitas islámicos y todo tipo de delincuentes toman a nuestro país como el centro de planificación y comisión de sus delitos. A este desalentador panorama hemos de añadir, la delincuencia propia de un país desarrollado como el nuestro así como las acciones terroristas de ETA que hacen de la inseguridad en la que vivimos, sea uno de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad.

La preparación, planificación y sofisticación de los medios utilizados para cometer sus fechorías, (en muchos casos utilizado tácticas militares) obligan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a permanecer en un continuo estado de alerta para poder dar una adecuada respuesta, frustrando  todo intento de hecho delictivo.

La seguridad privada no puede permanecer ajena a toda esta problemática, pues no en vano, vienen a ocupar aquellos espacios que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, por sus limitaciones humanas, no pueden garantizar.

Cada vez es más habitual observar como Vigilantes de Seguridad realizan controles de acceso en organismos oficiales (Diputaciones, consejerías...), en aeropuertos, etc. Se le exige que tengan formación especifica en el uso de detectores de rayos X o detectores de metales, e incluso realizan tareas de “Prevención de Riesgos Laborales” en centros de producción energéticas, refinerías, etc. Habiendo recibido cursos de Primeros Auxilios o el uso adecuado de un desfibrilador automático.

La respuesta de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad así como los miembros de la seguridad privada, ante el delito o la agresión, deberá ser proporcional a la misma. Un  agente de la autoridad, un escolta privado o un vigilante de seguridad que haga uso de su arma reglamentaria ante las más mínima sospecha de que se pueda cometer un delito o una agresión contra el patrimonio o personas por él  custodiadas, aparte de un grave error, da una pobre imagen y pone en duda la profesionalidad del agente en cuestión.

Debemos pensar, que si por razones de servicio tuviésemos que hacer uso de nuestra arma reglamentaria, aunque nos ampare la Ley y todo tipo de razonamientos lógicos, tendríamos que hacer frente a un serio problema, máxime, si causásemos la muerte a otra persona. Aparte de los problemas judiciales, que inevitablemente tendremos que afrontar, nos quedarían secuelas psicológicas, que en ocasiones, son las más difíciles de superar.

El arma es el último recurso que debemos utilizar para restablecer una situación  comprometida. Nunca debe descansar nuestra confianza en el uso del arma; nunca una actuación debe basarse en su utilización.

La seguridad comienza en uno mismo: si no tenemos seguridad, no la podemos dar.

Debemos tener presente, que en el arma descansa una efectividad errónea. Debemos valernos de nuestros recursos de convicción para evitar su uso, por lo que la formación de un profesional de la seguridad, debe estar orientada a una actuación sin armas.

Existen otros métodos de respuesta, que con el adiestramiento adecuado, son igual de efectivos y contundentes a la hora de dejar fuera de combate a nuestro agresor, dando una imagen de seguridad y profesionalidad: la defensa personal.

 No es necesario ser un cinturón negro en alguna de las disciplinas de las artes marciales, para tener asimiladas algunas técnicas que aplicándolas correctamente, nos ayudarán a reducir a nuestro oponente.
   

Objetivos que se persiguen:

Conseguir un aprendizaje eficaz del alumno de cara al desarrollo de su profesión. Tenemos que hacer una norma de conducta en la sencillez con una adecuada disciplina, evitando contribuir, por alardeo o presunción, a que se sepa de nuestra vida profesional. El profesional de la seguridad, lo es las 24 horas del día.

El primer principio de una buena actuación es observar sin ser observados; ver sin ser vistos. Nos dará más posibilidades de analizar la actuación más correcta en cada momento. Este objetivo se alcanzará con una formación adecuada y posterior aplicación práctica en situaciones o simulaciones reales, donde se ponga de manifiesto la capacidad de reacción del alumno, teniendo presente el cumplimiento y el respeto escrupuloso a los Derechos Fundamentales de las Personas y de La Constitución.

El conocimiento de un protocolo de conducta ante una amenaza o un intento de agresión. El principio de cortesía y de corrección es el que debe imperar siempre antes de una actuación.

Actuación de forma proporcionada a la amenaza o al agresor con dominio de las técnicas y fundamentos en la defensa personal, especialmente en lo referente a:

•    Posiciones fundamentales de defensa personal, ataques y desplazamientos.
•    Técnicas de bloqueo y percusión.
•    Técnicas de luxación: muñeca, codo y hombro.
•    Defensa contra los ataques a órganos de frente, espalda y brazos.
•    Defensa contra las estrangulaciones.
•    Defensa contra ataques de puño y pierna.
•    Defensa contra arma blanca y arma de fuego.
•    Reducciones.
•    Cacheos y engrilletamientos.

Aplicación continuada y de forma escrupulosa de las medidas de seguridad utilizadas para cada situación, con una aptitud ordenada y metódica en la búsqueda de la solución más adecuada, teniendo soluciones alternativas.

Actividades y Procedimientos:

Para el correcto desarrollo de los objetivos anteriormente expuestos nos ceñiremos a las técnicas y procedimientos contemplados en el programa:

•    Comenzaremos cada sesión con el calentamiento muscular con una carrera continua de unos cinco minutos, calentando tobillos, rodillas, caderas, brazos, hombros, muñecas, codos, cuellos y abdominales.

•    Iremos complicando un poco más los ejercicios de calentamiento con caídas sobre el tatami y ejercicios que por el esfuerzo requerido, completarán tras quince minutos la sesión de calentamiento.

•    Posteriormente y de forma individualizada comenzaremos a explicar las técnicas más sencillas de defensa con la práctica de cada ejercicio durante varios minutos. Posteriormente será practicado por parejas. Con el dominio de varias técnicas, las pondremos en práctica de forma continuada para finalizar cada sesión.

•    Con el inicio de cada sesión recordaremos y practicaremos lo aprendido en sesiones anteriores, incorporando nuevas técnicas.

•    Realizaremos un estudio sobre la técnica a utilizar en cada situación de forma tal que debemos lograr aplicarla de forma espontánea e intuitiva logrando un perfecto dominio sobre las mismas.

•    Colaborarán profesores especialistas en diferentes materias aportando un mejor conocimiento y desarrollo en los cursos específicos.

•    Tendremos presente en todo momento evitar que se produzcan lesiones innecesarias que pueden mermar la capacidad de aprendizaje del alumno.

Evaluación:

La última hora se dedicará a evaluar las técnicas de defensa personal realizadas durante el curso.